Llegó a su fin el festival y sus galardonados han sido, en el apartado internacional, Wild Combination: A Portrait of Arthur Russell, de Matt Wolf; en el nacional, Loquillo: leyenda urbana, de Carles Pratts; y el premio del público cayó en Joy Division, de Grant Gee. El documental de Loquillo ya fue reseñado en la primera entrega de esta crónica y aquí comentamos el de Russel, junto con un trío casi temático sobre la sección más excitante de los años sesenta. Esperamos el próximo año poder volver a estar presentes y que el festival del 2009 sea tan apetitoso como el de este año.
Beautiful Dreamer: Brian Wilson and the Story of “Smile”
David Leaf. EEUU
2008. 120 min.
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Una de las joyas del cartel. La mítica batalla del artista con la perfección esta vez se encarna en la figura de Brian Wilson y su odisea por grabar el álbum pop definitivo. El documental es uno de los más largos proyectados y a la vez el más cautivante. Bastante exhaustivo, funciona a la vez como biopic y como historia de un disco. Y es que, finalmente, la historia del Smile es el nervio central de la vida de un artista que desde la adolescencia fue tocado por la musa y se elevó como un Ícaro del pop, cayendo derrotado en el último round hasta que, en el 2004, más de treinta años más tarde, se elevó de nuevo y sonó. Emocionante ver la evolución de este genio, quien dejó a tras el surf rock de sus inicios y fue complejizando sus composiciones, retirado en su torre de marfil, midiendo fuerzas musicales con nadie menos que los cuatro de Liverpool. Al final, luego de la magnificencia del Pet Sounds (1966), el disco que le sucedería, coronando esa intensa búsqueda del ideal, no llegó jamás. Problemas con sus colaboradores y con su propios demonios fueron demorando su salida hasta que Brian Wilson se quebró. Eran los sesentas y había drogas y paranoias implicadas, pero ante todo el documental destaca al mostrarnos este drama desde el punto de vista creativo, es decir como la lucha del artista contra el ideal. Era claro que el Smile estaba adelantado a su época y que tuvo que esperar demasiado.
Y de ello trata la segunda mitad del filme. La recuperación, grabación y su gloriosa presentación en el Royal Festival Hall de Londres. Tal vez algo reiterativa como relato, pero no deja de emocionarnos ver a un Wilson temeroso, emocionado, inseguro, eufórico y deprimido en la gestación de su enemigo e hijo musical. Tan emocionante como el propio concierto, con fans que vienen de todas partes del mundo para aplaudir una de las creaciones más legendarias de la historia de la música contemporánea.
The Night James Brown Saved Boston
David Leaf. EEUU.
2008, 74 min.
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Mientras Brian Wilson vivía su guerra consigo mismo, el mundo vivía una de las épocas más convulsionadas de la segunda mitad del siglo XX. 1968. Abril, 5. De la mano del mismo director, David Leaf, tenemos ahora no la batalla de un hombre contra la música sino de la música como salvadora de la sociedad. El día después de el asesinato de Martin Luther King, Estados Unidos es escenario de manifestaciones de ira y venganza por parte de la población negra. En Boston, el alcalde tiene en sus manos una bomba o una panacea. ¿Dejar o no dejar a James Brown actuar? La mejor solución: televisarlo. El documental de Leaf sigue de cerca la evolución de esa histórica noche, muy atento a las declaraciones de los políticos y activistas. La dimensión política del evento supera a la música, y es así que estamos ante una bien sustentado caso sobre la manipulación mediática de la sociedad.
Gracias a los miles de televidentes hipnotizados por la voz y los movimientos de Brown, Boston se convirtió en una de las ciudades más pacíficas de esa turbulenta noche. Más allá de las oblicuas cuestionamientos sobre el papel de Brown, esta claro que el documental no sólo cuestiona, sino pone pruebas sobre el poder aletargador de la televisión. La música se plantea como una medicina, un catalizador, un milagro. Pero cabe preguntarse qué tan vigente esta esa fórmula y lo que el poder esta manipulando desde entonces, a costa de una cada vez más sonambulesca audiencia hiper mediática.
A Technicolor Dream
Stephen Gammond. Reino Unido.
2008. 90 min.
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Siguiendo la estela de la época, y dentro del apartado de películas dedicadas a Londres, ésta toma como fecha clave el 29 de abril de 1967 para recordarnos lo que fue el underground inglés representado en otro mítico concierto, el 14 Hour Technicolor Dream. Magníficamente editado y documentado, el filme logra explicar lo que significó este happening musical, que tuvo como antecedentes un recital beatnik en el Albert Hall realizado años antes (aprovechando una visita de Ginsberg), y respondía a las necesidades de supervivencia del más importante periódico underground, el IT, ante el acoso institucional del que era presa. El gran aporte del documental es demarcar este contexto cultural, pero no se queda ahí. Diríamos que esto no es más que el escenario o ambientación del personaje principal del relato: Syd Barrett, cuya malograda iluminación musical, en los inicios de Pink Floyd, es bosquejada como segunda línea argumental. Los supervivientes de ésa tumultosa época narran lo que pueden recordar de ella, acompañados por imágenes de archivo sobre el evento, cuya misma sicodelia es un excelente viaje audiovisual para quienes hubiésemos querido estar allí.
Wild Combination: A Portrait of Arthur Russell
Matt Wolf. EEUU.
2008. 70 min.
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El documental ganador del festival en la categoría internacional nos aproxima a una figura de culto póstumo en el escenario musical, y más allá de sus méritos documentales, tiene el valor de hacer luz sobre una figura aún hoy misteriosa y rica del avant-garde, en lugar de lanzarle un flash más a una celebridad. De manera concisa y elegante, las imágenes nos narran la vida y muerte de otro posible genio del pop más allá del pop: alguien cuyo perfeccionismo y dedicación absoluta a la música le podría asemejar a Brian Wilson, pero que en lugar de buscar la perfección de una forma iba tras su mutación: pop, rock, música clásica, disco, electrónica. Su figura y legado es recordada por sus más cercanos: padres, pareja, músicos amigos, y cómo no el omnipresente Ginsberg. Un galardón bien merecido.
Miguel Rivero
www.miguelrivero.com