Está claro que ser fans de Eluvium en 2008 implica estar dispuesto a tirar de tocadiscos. Por un lado, Temporary Residence anda preparando una edición especial de toda su discografía (un ‘todo’ que incluye álbumes, EPs, cosas raras y algún inédito), que verá la luz en una bonita caja de siete vinilos (por cierto, si algún alma caritativa quiere hacerme un regalo estas navidades, puede preguntar por mis señas a la dirección de la revista). Por otro lado, Matthew Robert Cooper, que así se llama el chiquillo, acaba de publicar otro vinilo bajo su propio nombre en el recién nacido sello Gaarden Records. El por qué de esta decisión es una incógnita: a fin de cuentas, Cooper nunca ha tenido problemas en pegar grandes bandazos estilísticos dentro de la discografía de Eluvium.
Tan grandes como saltar del piano impresionista en “An accidental memory in the case of death” (04), su segundo disco, a los maravillosos drones de guitarra en “Talk amongst the trees”, un año después, y de ahí a una concepción neoclásica en el estupendo “Copia” (07). La respuesta, tal vez, es que todos esos estilos están representados en “Miniatures”, y que es precisamente esa falta de coherencia que exhiben las piezas entre sí la que le lleva a buscar un nuevo alias. Las escuetas notas interiores no aclaran demasiado este aspecto pero, si hacemos caso a la intuición, habría que considerar a “Miniatures” como una colección de descartes o de bocetos abortados.
Canciones pensadas para alguno de esos discos, que al final no encontraron su sitio en la grabación, que tal vez no adquirieron una forma definitiva a tiempo y quedaron archivadas en un cajón. Sea como sea, lo que sí parece impropio es definirlas como miniaturas: sólo tres de las piezas, caprichos de piano tristes y melancólicos, que se desvanecen poco después de dar forma a la melodía, merecen ese calificativo. De las otras, casi todas superan holgadamente los cinco minutos y utilizan una instrumentación florida, comenzando por la que abre la primera cara, que sumerge al oyente en un cálido baño a base de órganos de iglesia, ecos distorsionados, melodías que se cruzan y nubes de feedback. Unos órganos que volverán a aparecer al principio de la segunda cara, en una versión más desnuda, libre de interferencias electrónicas, reclamando la inevitable (también deseable) cuota de majestuosidad que todo disco de Eluvium incluye.
Otra de las características habituales en la música de Cooper, la delicadeza, se reserva para la parte central de la segunda cara, primero con una pieza que parece tocada con vasos de agua (y que es de naturaleza espectral, ultraterrena), y después arropando con grabaciones de campo, suaves murmullos y algo que parecen lamentos, unas floridas variaciones de piano, de esas que arrancan la lágrima con facilidad. Ahí se allana el camino hacia el final del disco, que es oceánico y orquestal, hermoso hasta decir basta: cualquiera que se atreva a definir “Miniatures” como un disco menor merece la peor de las condenas.
Vidal Romero
Cortesía de GO MAGAZINE