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   Reseñas > Cine en V.O.


Gran Torino
Dir: Clint Eastwood Int: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang
2008 Warner Bros / Malpaso
Cine



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Ya no podemos regresar a casa

La imponente estatura cinematográfica de John Ford proyecta una alargada sombra, indeleble, sobre gran parte de la cinematografía de Clint Eastwood. No hay duda de que buena parte de sus primeras películas se referían a sus mentores, Sergio y Don (Leone y Siegel) tanto por estilo, por los toques de cinismo o por la temática, western o thriller. Sin embargo, los tonos entre épicos y melancólicos de Ford han impregnado obras como Sin Perdón, Space Cowboys, Million Dollar Baby o Los Puentes de Madison. Cuando Angel Quintana planteaba, a raíz de Changeling ( El Intercambio ), que Eastwood no tenía tanto de clásico como de postmoderno no dejé de sorprenderme, pese a que el razonamiento construido en torno a la reconstrucción dramática de aquella película era bastante coherente. Gran Torino, no obstante, vuelve, inequívocamente, al clasicismo fordiano de La legión invencible, de The Last Hurrah o, sin lugar a dudas, Seven Women (también, sin duda, una de las más modernas cintas de Ford).

Gran Torino encadena pues en su tono elegíaco con Siete Mujeres , la última cinta de Ford, y también, en cierto modo, con El Hombre que mató a Liberty Valance, en cuanto tiene de revisión de unos códigos narrativos y del personaje del héroe. Podría valorarse como una obra sobre la globalización, sobre la América profunda, alterada en su estructura social por olas sucesivas de inmigración (los enfrentamientos raciales ya no incluyen a los blancos y se dan entre hispanos y asiáticos) hundida por los halcones neocon y su política capitalista, o sobre la vejez. Pero, además de todo ello (no en lugar de ello), Gran Torino es una gran película sobre el propio Eastwood y su cine. Kowalsky encarna el fantasma que desde el presente (¿el futuro?) reaparece para vengarse del Harry Callahan, del hombre sin nombre, de Josey Wales, para rendirles cuentas. Kowalsky es el superviviente – pesadilla que sobrevivió a Iwo Jima. Es un abollado Sargento de Hierro. Es el auto consciente, amargado, agente que fue ignorado, dejado de lado, humillado, en Un mundo perfecto. Si aquella cinta coincidía con la inminente muerte de Kennedy y del sueño americano, ahora Eastwood nos muestra como han llegado a nuestros días los restos del naufragio. Gran Torino constituye no sólo una compilación de temas del director de Carmel. Es una revisión de los mismos. Kowalsky es, como todos sus predecesores, gruñón e irascible y gruñe durante toda la cinta como una fiera acorralada Como algunos de ellos es claramente racista. Pero Eastwood, en el cenit de su propia trayectoria como persona y como creador, define un personaje atemorizado por su pasado y desorientado en su presente, que se agarra a un clavo ardiendo para redimirse, para encontrar un sentido último, definitivo, a su existencia. Gran Torino es una cinta reflexiva dónde Walt Kowalsky ve pasar a otros personajes y ve pasar la vida hasta que decida dar un nuevo sentido a la suya y ejerza de héroe “blando”.

Si volvemos, una vez más, a Zodiac, recordaremos cómo los protagonistas veían sus aspiraciones frustradas. Su objetivo de detener a un criminal anónimo sólo podía hacerse realidad, sublimarse, en la encarnación fílmica que encarnara Harry Callahan / Clint Eastwood frente a este asesino del Zodíaco. La ficción alegraba el día, superaba a unas vidas más grises que las representadas en la gran pantalla. Tres décadas más tarde, en Gran Torino es el propio Eastwood quien asume esta imposibilidad de superar al héroe de ficción clásico. Así Kowalsky repite, hasta en tres ocasiones, con autoironía (casi con complacencia) el gesto que ya hiciera Kevin Bacon en Mistyc River, simulando disparar contra su antagonista. El hombre sin nombre, Harry Callahan, ya no pueden ejercer como vengadores. Han pasado dos Bush y un Reagan. Obama rules y por ello precisamente ya no hay espacio para los vengadores. We can not. Vin Diesel no da la talla. Van Damme se autoanaliza. Bruce Willis ejercede abuelo y el Governator (pese a sus proclamas de retorno) está más por la política. Check Norris es directamente cutre y depassé. Rambo ya tiene imitadores infantiles…. Eastwood deja inevitable, inexorablemente, de lado a Callahan y da el paso hacia el orden social, la estabilidad y la razón. La justicia está institucionalizada, con mayor o menor fortuna, con más o menos eficiencia, y el héroe fuera de la ley se hace a un lado par permitir una conclusión coherente con la nueva moral. No se puede invocar a Shane o al Jinete Pálido. Y el William Munny de Sin Perdón ya no puede regresar del infierno al Medio Oeste para ejercer de vengador apocalíptico.

El tono de GranTorino es insólitamente suave, inocente, aparentemente inerme El propio personaje habla de un aticlimax cuando casi toda la cinta es un anticlímax en sí imsma. Eastwood, a diferencia de aquel torpe, patético John Wayne que interpretara a McQ en uno de los últimos filmes de Sturgess, emulando tiempos pasados que ya no podían volver, refleja ecos del Wayne de Liberty Valance o de los Wayne y Mitchum de El Dorado de Hawks. Es un personaje que acaba viendo el vacío que ha permitido crecer a su alrededor y que trata de dar, en un último aliento, en un ultimo esfuerzo, sentido a toda una vida y oportunidad a otras. Este Kowalsky, soldado de Corea y obrero de la Ford, es el último héroe americano. En una semana en que comparte cartelera con Watchmen, Eastwood situa a su personaje en la misma onda de los desclasados superhéroes de Alan Moore. Un personaje que no puede vencer con las armas a la multiplicidad de bandas latinas, negras o chinas y cuya lucidez le lleva a utilizar sus recursos no tanto para derrotar el mal como para promover el bien. De modo parecido Easwood no renuncia a sus raíces, sus orígenes, para elaborar una cinta que reivindica, como en High Plains Drifter ( Infierno de Cobardes ), como en Pale Rider, al héroe solitario, al vengador anónimo. Sin embargo, Eastwood, 79 años, lleva a su personaje a la realidad de una sociedad cruel y cutre. We can’t go home again, decía Nick Ray. No `podemos regresar a refugiarnos en la narración y los códigos clásicos. La historia, la historia real y la historia del cine, nos obligan a avanzar hacia nuevos horizontes. Tanto los espectadores como Kowalsky, como Eastwood, debemos ser conscientes de que el mundo ha cambiado. El heroísmo hoy en día no consiste en una victoria armada sino en la capacidad de ejercer la vida misma con lucidez.


Antoni Peris i Grao     


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