Decíamos hace un par de meses, al calor de aquel
EP con el que
Crystal Antlers se estrenaron en Touch & Go, que este sexteto californiano merecía convertirse en la revelación de la temporada, la banda destinada a reventar las orejas de los indies a lo largo de los festivales que están por venir. Vistas con algo de perspectiva, puede ser que aquellas palabras arrastraran una cierta dosis de exageración, más por deferencia hacia el mítico sello de Chicago, que se enfrenta a la peor crisis económica de su larga historia y amenaza con no publicar más discos, que por inventar un hype de la nada (que además esas cosas se las dejamos a la competencia). Así que es una suerte que la publicación de
Tentacles, primer disco largo de la banda (aunque lo de largo hay que cogerlo con pinzas: los tipos se ventilan trece temas en poco más de media hora), haya llegado para poner las cosas en su sitio, para dar carta de naturaleza a lo que antes era exageración. O lo que es lo mismo: en el breve espacio que media entre aquel EP y éste álbum, Crystal Antlers han crecido de manera desmesurada, han aprendido a concretar sus canciones, a pulir sus defectos, a quedarse con lo esencial. Y fruto de esa curva de aprendizaje ha surgido un disco que golpea duro, pero con guante de seda.
En la práctica, esto significa que el excesivo derroche instrumental que lastraba al EP en los momentos más progresivos ha desaparecido, en favor de estructuras más directas y sencillas, más cercanas a esa psicodelia primordial de los setenta, tan bien documentada en la serie de recopilaciones
Nuggets. Es una fijación que la banda deja clara desde el primer tema, un "Painless sleep" que comienza narcotizado por los efectos de un viejo sintetizador desafinado y chirriante, un guiño minimalista y ácido que se extiende durante dos minutos, antes de dar paso a una explosión de guitarrazos, de ritmos desbocados y gritos ininteligibles. La fórmula, que apela por igual a la fiereza de los Stooges y al detallismo mántrico de la Chocolate Watch Band, consiste en apilar capas de guitarras y teclados, una maraña de distorsiones y trémolos, sobre canciones de tono ligeramente ácido y aura lejanamente pop. Y es una fórmula que funciona sorprendentemente bien, a pesar del inevitable aire retro. Cosa que convierte a "Tentacles" en un disco crudo y abrasivo, en el que apenas se dejan momentos de calma ("Vapor trail" y "Under the sun dies, part 1" demuestran que Crazy Antlers también saben ponerse sensibles), el perfecto retrato de una banda que tiene pinta de comerse a bocados los escenarios y las carreteras.
Vidal Romero
Cortesía de GO MAGAZINE