Desde aquella concesión al sonido hinchado que fue “Stories from the city, stories from the sea” (00), Polly Jean Harvey se ha dedicado a firmar discos marginales, poco aptos para la industria musical masiva que le abrió las puertas gracias a canciones como “Bad Fortune”. Tanto “Uh uh her” (04), por esa producción desnuda y cortante, con temas que parecían hechos a medias, como “White chalk” (07) por su desnudez y su entrada en el mundo del piano, han supuesto notables ejercicios de experimentación, el desarrollo de su formación como compositora y, de paso, la excusa necesaria para confirmar que su carrera siempre va a estar lejana de las querencias de las grandes masas.
Siempre influenciada en parte por la escena alemana de los 80 (recordemos que por allí se han cultivado gente como Blixa Bargeld, o su habitual colaborador Mick Harvey, por no hablar del mismísimo Nick Cave), llega un nuevo juguete, esta vez volviendo a unirse a uno de sus más fieles escuderos, John Parish, junto al que ya trabajó en aquel “Dance hall at Louse Point” (96) y antes incluso de firmar canción alguna bajo el nombre de PJ Harvey, con la banda Automatic Dlamini, que éste lideraba. “A woman a man walked by” es un disco siniestro, que ahonda en el barroquismo literario que, aunque presente casi siempre en su carrera, desplegó como nunca en “White chalk”, una especie de colección de cuentos infantiles con final terrorífico, historias que juegan por igual con el dolor y el humor, llegando en algunos momentos a lo bizarro. A ello ayuda una instrumentación en muchos casos inspirada en nombres como Pascal Comelade (otro con el que también trabajó en su momento), como esas guitarras de juguete en “Sixteen, fifteen, fourteen” o las percusiones primitivas que campan por el disco.
Sí, es cierto, “Black hearted love” probablemente sea la diana más clara que ha firmado en siete años, y “Cracks in the canvas” humea como ya lo hizo “Is that all there is?”, “The chair” tiene esas guitarras estridentes que solo a John Parish le hemos oído, y es que, recordemos, aquí las músicas son del británico. Un disco con más aristas y trampas punzantes que un laberinto de espinos, de formas abruptas pero que huyen del impacto fácil, como un roedor que rasca con paciencia hasta llegar a las entrañas. Y es que si hay algo que marca hoy por hoy la carrera de ambos artistas es la ausencia de esquemas preconcebidos.
La cuestión es, ¿no se estarán perdiendo mucho en esas formas distintas, inconformistas, y se estarán alejando de aquellos momentos que nos hicieron temblar hasta el bazo? Puede ser. Ya queda poco o nada de “To bring you my love” y “Rid of me”. Pero la esencia de PJ Harvey sigue presente aquí, y seguro que no está muy lejos esa nueva gran obra que estamos esperando sus seguidores ansiosamente. Mientras tanto nos quedamos con estas obras menores, pero tremendamente personales, reconfortantes, interesantes... Hay mucha personalidad aquí. Más de 50 pies.
Jesús Sáez
Cortesía de GO MAGAZINE