Como no son ni amebas ni australopitecus, tanto Apparat como los dos hotentotes de Modeselektor tienen sentimientos, y además variados: el primero puede ser cazurro cuando le pica una mosca, así como Sebastian Szary y Gernot Bronsert se pueden transformar de golpe en dos seres mimosos, atentos y con amor universal para dar y vender. Moderat, el proyecto que les une, pues, parece un ejercicio de consenso en el que buscar un punto intermedio para que la cosa llegue a buen puerto, y lo cierto es que no les cuesta el más mínimo esfuerzo intercambiar papeles o ponerse en el lugar del otro: ambos proyectos son las dos caras de la misma moneda.
Así, el estreno en largo de Moderat ruge de bajos con sobrepeso y una estela zumbona de moscardón que según el momento se engrosa con momentos rave o ragga (“A new error”, “Slow match”), o se aligera en una delicia vocal que busca el efecto emo, como en el inicio de “Rusty nails” –luego la cosa ya se desmadra un poco. Si tiene un lastre “Moderat” es la sensación –más bien es un espejismo, una idea deformada e inexacta de la realidad– de que parece un disco en el que el trabajo no se ha repartido al 50%: hay momentos en los que parece que el peso lo haya llevado Apparat –mientras los otros dos estaban sentados al fondo, bebiendo refrescos en lata y hojeando revistas porno–, y viceversa. Pero como decíamos al principio, Sascha Ring no es siempre un ser delicado ni Modeselektor se dedican a todas horas a sacar a relucir su pasado hardcore o b-boy. Hay contaminación entre las partes, más que parasitismo chupón y aprovechado.
Es por eso por lo que Moderat parece un proyecto serio y sólido, y no sólo el disco que haría un grupo de amigos en un fin de semana de barbacoa y costillas asadas. No presenta la solidez que tuvo Ochestra of Bubbles, aquel proyecto que unió a Apparat con Ellen Allien, pero como todo el mundo sabe y las malas lenguas dicen, Ellen Allien no sabe hacer la o con un canuto, así que consideremos ese disco una obra propia del chico del fular. “Moderat” parece estar más cerca del “Immolate yourself” de Telefon Tel Aviv –un disco que le debe muchísimo al sonido del último disco en solitario de Apparat, “Walls”–: es la fusión de delicadeza y barbarie, del ataque ácido con pesadez jamaicana de “Sick with it” a la complejidad abstracta, con intención épica y con cierto tufillo a música de laboratorio de “Porc#1” y “Porc#2”; de la aproximación al actual lenguaje techno-dub de “Nº 22” a la fusilada de Burial con la que se cierra el álbum, “Out of sight”. Un disco que funciona en el club, que funciona en casa y que muestra a tres tipos en estado de gracia, compenetradísimos en lo suyo. Así cualquiera.
Javier Blánquez
Cortesía de GO MAGAZINE